Ubicado en un maravilloso entorno, el santuario se encarama sobre el embalse del Grado. Se construyó a pocos metros de la ermita, origen de la devoción a la Virgen de Torreciudad desde el siglo XI. La ausencia de comercios y hoteles facilita la paz y el recogimiento. Las casas anejas al santuario están destinadas a retiros espirituales y actividades de formación.