Torreciudad ha
sido, desde tiempo inmemorial, punto de encuentro de piedad mariana: millares
de personas se han postrado a los pies de la Virgen de Torreciudad durante nueve
siglos para solicitar su amparo y agradecer los favores recibidos. A esta larga historia
se quiso sumar San Josemaría Escrivá de Balaguer. Bajo su impulso espiritual y con el
deseo de difundir la devoción a la Madre de Dios, se levantó un nuevo santuario como
lugar de conversión bajo el amparo de la Santísima Virgen, y
se abrió al culto en
1975. El santo esperaba frutos espirituales:
gracias que el Señor querrá dar a quienes acudan a venerar a su Madre Bendita
en su Santuario. Esos son los milagros que deseo: la conversión y la paz para muchas
almas. Con ese fin, dispuso que se construyeran las capillas de confesonarios y que
todo se cuidase para rezar con paz y devoción.
UNA LOCURA DE AMOR

Los inconvenientes para plantear
un santuario de envergadura eran de
gran entidad: la
lejanía de cualquier núcleo de población de cierto tamaño le privaba de una feligresía
habitual; un sendero tortuoso y peligroso desde el pueblo de Bolturina era el único
camino de acceso; no había luz ni agua corriente, y el Cinca corría por un congosto
ochenta metros por debajo. Por eso, el proyecto inicial consistió en una sencilla casa
de convivencias junto a la ermita original. Sin embargo, la perspectiva histórica del
Fundador del Opus Dei y una fe y amor marianos muy grandes, que fueron lo más
importante, hizo que se ampliaran las dimensiones de los elementos previstos y que se
añadieran otros. Movilizó a muchas personas que contribuyeron con su oración y
limosnas a convertir aquel sueño (
una locura de amor, le gustaba decir) en realidad. Y
no era fácil imaginar que un lugar casi despoblado y escarpado, sin accesos para el
tráfico rodado, lejos de las vías habituales de comunicación del Altoaragón y sin
ninguna ciudad o pueblo importante cerca, pudiera convertirse en frecuente punto de
encuentro para muchas personas de procedencia muy diversa. “No lo hagas pequeño,
yo no lo veré, pero vosotros veréis que acabarán llegando miles de peregrinos”, le
decía San Josemaría al arquitecto, Heliodoro Dols. Y a pesar de las dificultades,
cuarenta años después se cuentan los visitantes por cientos de miles cada
año.
Este nuevo santuario es el último homenaje que San Josemaría hizo en esta tierra a la
Virgen, en cierto modo, en palabras de Mons. Álvaro del Portillo,
fue la última piedra de su devoción
mariana. Quiere ser manifestación de un gran amor a María y del
deseo de que muchas personas la conozcan y la amen. Junto a una creciente
promoción social del entorno, gracias también a la colaboración de muchos, el
santuario buscará siempre su fin apostólico, como decía San Josemaría:
A la Virgen de Torreciudad no le pediremos milagros externos.
En cambio, sí que nos dirigiremos a Ella para que haga muchos milagros interiores,
cambios en las almas, conversiones.
ALGUNAS SUGERENCIAS

Torreciudad es principalmente un lugar de
oración. La ausencia de comercios y hoteles facilita la paz y
el recogimiento, y especialmente en los recintos interiores se pide silencio para
conseguir un ambiente de oración. Durante los actos de culto se interrumpen las
visitas al santuario para facilitar la participación de los asistentes. De esta
manera, el peregrino puede elevar su corazón a Dios de formas muy
diversas:
• Todas
las actividades del santuario tienen como centro el
culto
eucarístico -en particular la celebración de la santa Misa- y la
veneración de la Santísima Virgen.
• Los
confesonarios ocupan un lugar central: constituyen
el fundamento, los cimientos de todo lo demás. En la cripta siempre hay sacerdotes
disponibles para administrar el sacramento de la penitencia y recibir el perdón y la
gracia divinos, "un momento privilegiado de encuentro con Dios" (Juan Pablo
II).
• En la
capilla del Santísimo, además de adorar a Jesús en el
sagrario, se puede venerar un Cristo en la cruz, en bronce dorado, del escultor italiano
Pasquale Sciancalepore.
Es un Cristo vivo, que
habla, en palabras de San Josemaría, que lo regaló a Torreciudad. Quiso
representarlo así para facilitar la oración y la conversión personales, fruto de la
contemplación del sereno sufrimiento de Cristo por los pecados e infidelidades de
todos los hombres.
• Es
costumbre rezar el
Rosario ante los azulejos que
representan los 20 Misterios, y que están distribuidos en cuatro galerías
fuera del templo: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos.
• Por detrás de los riscos junto a la explanada
asciende un sendero el que puede rezarse el
Via
Crucis, con imágenes que facilitan la práctica de esta
devoción.
•
Muchos peregrinos descienden por el sendero de la antigua ermita, jalonado por
imágenes de los
Gozos y Dolores de san
José, para encomendarse a la protección del Santo Patriarca.
•
Además de administrar los sacramentos, los sacerdotes del santuario están
siempre disponibles para brindar consejo y
ayuda
espiritual a todos los que lo desean.
• Es
frecuente entre los
devotos de la Virgen acudir
aquí para celebrar aniversarios familiares, ofrecer sus hijos a Nuestra
Señora, solicitar la bendición de instrumentos de trabajo, encargar
celebraciones de misas, ofrendar velas a la Virgen, etc. Tampoco faltan los novios que
eligen este lugar para celebrar su boda.
• La
Oficina de Información proporciona de forma gratuita
información escrita y audiovisual, y la posibilidad de
una visita guiada.
Torreciudad
se mantiene con la limosna de peregrinos
y visitantes y con las aportaciones del Patronato de Torreciudad. Este Patronato es
una asociación civil que se ocupa de mantener el santuario y de cubrir las
necesidades económicas, además de promover la organización de
numerosas peregrinaciones y visitas. Más información
aquí.
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