El 7 de julio de
1975 se inauguró oficialmente el santuario de Torreciudad. Su primer rector, D. José
Luis Saura, recoge por escrito algunos recuerdos en torno a esa jornada, tan ligados al
fallecimiento del Fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, sucedido en Roma
pocos días antes, el 26 de junio.

A primera hora de la tarde del día 26 de junio, recibimos en Torreciudad la dolorosa
noticia del fallecimiento de San Josemaría, de su paso a la morada del Cielo, como
estábamos convencidos tantos millares de personas en todo el mundo, y la Iglesia lo
confirmó en 2002 con su Canonización. Ese día de junio los obreros que se
encontraban en la obras rezaron un responso en las gradas del presbiterio, y al día
siguiente asistieron a una Misa en la antigua ermita. A partir de ese día se aceleró la
terminación del santuario, pues faltaba muy poco para concluirlo.
El 7 de julio, aniversario de la petición de admisión en el Opus Dei de D. Álvaro del
Portillo, se celebró el solemne funeral por el eterno descanso del Fundador del Opus
Dei. Con él se abrió al culto el nuevo santuario. A primera hora de la mañana, el
Consiliario del Opus Dei en España, D. Florencio Sánchez-Bella, bendijo el santuario y
erigió el Via crucis: "Lo que ha costado años de esfuerzo, miles de horas de trabajo de
muchas personas, quedaba santificado en pocos minutos", dijo a los que le
acompañábamos. Allí estaban los que comenzaron, cuando hacer un santuario en ese
lugar aislado parecía un sueño irrealizable.

A la Santa Misa asistieron autoridades provinciales y locales, y personas más allegadas
que llenaron completamente la nave, el coro, todos los pasillos, el atrio y las
escalinatas del templo. Entre los asistentes había muchos obreros que habían
trabajado en las obras del santuario, acompañados de sus familias. Durante bastantes
años, fue la mayor concentración de fieles habida en Torreciudad en una celebración,
pues se calcularon alrededor de siete mil personas. Se notaba un algo especial. Quizá
la apreciación más exacta la hiciera Martín Sambeat, compañero de colegio del
Fundador del Opus Dei en los Escolapios de Barbastro, al decir que "Josemaría ha
estado también aquí con nosotros".
No había expresiones de tristeza en los rostros, aunque sí muchas lágrimas que no se
pudieron contener. Lágrimas de emoción y de agradecimiento a Dios, porque el Padre
—así le llamábamos con cariño filial— estaría ya en el Cielo y desde allí veía los
comienzos de Torreciudad. A las 11 en punto comenzó la Santa Misa, que celebré
auxiliado por el doctor Küng y D. Félix. Varios sacerdotes ocupaban sitiales en el
presbiterio, entre ellos, D. Florencio Sánchez-Bella y D. Santos Lalueza, Vicario
General de la diócesis, que tenía mucho cariño al Padre.
D. Florencio pronunció la homilía. Recordó el gran deseo de nuestro Fundador de que
en algunos sitios se levantasen santuarios para que las muchedumbres fuesen allí a
rezar. Recordó también la finalidad de este Santuario de Nuestra Señora, como él
había dejado escrito: "para que las gentes se purifiquen en el Santo Sacramento de la
Penitencia y —renovadas sus almas—confirmen o renueven su vida cristiana, aprendan
a santificar y amar el trabajo, llevando a sus hogares la paz y la alegría de
Jesucristo"
1.
Cantó la Misa la Coral Barbastrense, dirigida por D. Julio Broto, y antes y después de la
Eucaristía las capillas de confesonarios recibieron a centenares de personas. Al
terminar el funeral, a los asistentes les costaba marcharse: unos hacían cola para
besar el medallón que tiempo atrás estaba en la ermita, otros rezaban ante la imagen
del Cristo vivo en la Cruz o en los bancos de la iglesia, ante la imagen de Nuestra
Señora de Torreciudad. Se rezaba por todos los sitios, con desparpajo, con
naturalidad. Algunos comentaban recuerdos de la vida de San Josemaría: recuerdos de
infancia, los que lo habían conocido y tratado de niños, o de alguna de las ocasiones
en que habían ido a Roma y estado con él allí; o la más reciente —hacía solo un mes—
en Barbastro, cuando se le impuso la Medalla de Oro de la ciudad.
Uno de los que estaban en la explanada era Martín Sambeat, que vuelta tras vuelta,
miraba al cielo, volvía a bajar la vista, volvía a mirar al cielo, meneaba la cabeza...,
hasta que finalmente le salió del alma: "La que has 'armao', Josemaría".
D. José Luis Saura
Primer rector de Torreciudad
[1] Torreciudad, Ed. Patronato de Torreciudad, p. 61.