Noticia

Tamaño de letra
FUNERAL POR JAVIER MORA-FIGUEROA
sábado, 18 de marzo de 2017


Haz clic en los números para ver las fotos y en cada imagen para ampliarla
A las 13:15 h. el jotero Paco Lasierra, del grupo folclórico aragonés "Aires monegrinos", ha cantado una jota dedicada a Javier Mora-Figueroa, rector de Torreciudad desde 1998 hasta 2015. A continuación se ha celebrado su funeral, oficiado por el actual rector, Pedro Díez-Antoñanzas.
UTILIDADES

Autoridades, vecinos de las localidades cercanas, diversos agentes sociales y amigos en general se han dado cita hoy sábado en el santuario para participar en el funeral celebrado por el eterno descanso de Javier Mora-Figueroa, fallecido el pasado 14 de marzo, y rector de Torreciudad durante 17 años, desde 1998 hasta 2015. Antes de comenzar la ceremonia, el jotero Paco Lasierra, del grupo folclórico aragonés "Aires monegrinos" (Sariñena, Huesca), ha cantado una sentida jota dedicada a su gran amigo Javier que puedes escuchar en este vídeo:



De los joteros, amigo,
siempre fue don Javier Mora
de los joteros, amigo.

Por eso en la despedida
con la jota hemos venido,
con la jota hemos venido
siempre fue don Javier Mora.

Ocho sacerdotes de la diócesis han concelebrado con el rector del santuario, Pedro Díez-Antoñanzas, quien en una breve e intensa homilía ha verbalizado los sentimientos de todos los presentes, mostrando el gran rastro de santidad que ha dejado don Javier con su vida. Puedes escucharla aquí:



La soprano María José Egido ha solemnizado la eucaristía y ha cantado al terminar la Salve marinera, a la que don Javier le tenía un especialísimo cariño. Después, una larga fila de fieles se ha formado delante del Libro de Firmas para dejar constancia escrita de su testimonio de agradecimiento a don Javier.


TEXTO DE LA HOMILÍA

Queridos hermanos sacerdotes, especialmente don José Mairal, que es el párroco de Torreciudad, queridos todos. Acabamos de escuchar la maravillosa parábola del hijo pródigo, que en realidad es la parábola del padre misericordioso. En ella Jesús nos quiere explicar cómo es Dios. Nos quiere explicar cómo Dios, nuestro Padre, perdona siempre y devuelve la dignidad del hijo pródigo, del hijo malo, el hijo "malote". No sólo le perdona, sino que lo reviste con una túnica nueva, le pone un anillo, hace una fiesta… Y también es un padre misericordioso con el hijo mayor, al que podemos llamar el hijo "pesado", como nosotros, como seguramente somos tú y yo, buena gente pero a veces quejosos, descontentos, por pequeñas cosas de orgullo, como el hijo mayor de la parábola.

La vida cristiana, como tantas veces nos recuerda Papa Francisco, es algo de esto. Tiene que ver mucho con lo que Jesús nos quiere transmitir en esta parábola. Es experimentar que Dios me ama con locura y me restaura. Me quiere tanto que, no solo me perdona, sino que me transforma, en la medida en que yo me deje transformar por el Amor de Dios. Los cristianos no somos gente estupenda, que lo hacemos todo bien y por eso somos cristianos. Somos gente normal que hemos descubierto cuánto nos ama Dios. Cómo me toma como hijo y me transforma.

Y me parece que es muy adecuado este evangelio para esta celebración del funeral por don Javier Mora. A Javier Mora todos o casi todos le hemos conocido bien.... Era un hombre lleno de cualidades, muy inteligente, tenía tanto buen humor, tenía una sensibilidad muy elevada, era un hombre de corazón... Pero a mi juicio, lo que caracterizó a don Javier es, sobre todo, que fue un hombre que supo reconocer el amor de Dios. Ese amor que te hace hijo queridísimo y constantemente restaura tu dignidad.

Javier no fue un hombre perfecto, podríamos decir que se fue perfeccionando por su confianza extrema en el amor que Dios le tiene. Un amor que le ha llevado (y esto a Javier le sorprendía, lo hemos vivido todos), un amor tan grande de Dios que hace que su Madre sea mi madre. Que dé a su Madre como madre mía. Jesús se merecía tal madre, yo no. Y sin embargo, me la da, por madre mía. Esto a Javier le asombraba y se dejó atrapar por ese amor. Por eso ni siquiera una larga y dolorosa enfermedad le quitó la alegría.

Yo la última vez que hablé con él fue por teléfono, en el contexto de las navidades. Al cabo de un rato de hablar me dijo de repente: "¿Por qué me tratas de usted?". Y le dije: "Es que yo siempre le he tratado de usted…". Y me dijo: “Pero es que yo ahora soy más joven que antes...”. Entonces ya acabó la conversación. Le traté de tú, que nunca lo he hecho, sólo aquel día. “Es que yo ahora soy más joven que antes…”. Estas navidades, con su voz más hecha polvo que nunca, preciosa pero destrozada y más que antes, pero muy graciosa. "Es yo soy más joven que antes…".

Ser más joven que antes… Claro, él se refería, y es verdad, a esa alegría que sólo Dios puede dar. A esa juventud que viene de un amor que no se marchita. Me parece que es lo que a él le ha caracterizado, más que ser un hombre perfecto, es ser un hombre enamorado. Y enamorado del amor más grande. Dentro de un rato, en el prefacio, repetiremos esa oración, esas palabras preciosas que pone la Iglesia en la misa de difuntos dirigidas a Dios: "La vida de los que en Ti creemos Señor, no termina, se transforma. Y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo".

Hoy estamos rezando por el alma de Javier, pero a la vez, muchos de los que estamos aquí, si no todos, estamos convencidos de que no lo necesita. Pero es una obligación de caridad, de amistad, rezar por él, y por eso ofrecemos esta eucaristía por su alma. Yo al menos estoy convencido de que ya está en el Cielo y está seguro disfrutando de esa casa eterna, de ese hogar eterno, que es de Dios, y que está con la Virgen.

Por eso quiero acabar dirigiéndome a Javier: ahora que estás junto a Dios, ahora que sí te puedo tratar de tú, ahora que estás junto a Dios y que su Madre bendita no te puede negar nada, te pido para todos los que estamos aquí, ahora mismo en el santuario de Torreciudad, para todos los devotos de la Virgen de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad, para todas las mujeres y todos los hombres de esta tierra del Alto Aragón que tanto amaste... Te pido que pidas a la Virgen -para nosotros- esa sonrisa tuya, generosa, que nunca nos faltó. Y ese corazón grande, que con tu ausencia, estamos echando en falta… Que así sea.





Noticias Recientes




Torreciudad Santuario de Torreciudad
22391 Torreciudad (Huesca)
Tel: 974 30 40 25
info@torreciudad.org
Colaboran
Turismo de Aragón Fundación Cardenas Rosales
¿Qué es Torreciudad?
-------------------------------------------
Organiza tu visita
-------------------------------------------
Vive el santuario
-------------------------------------------