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HISTORIAS DE UNA CAPILLA DOMICILIARIA
sábado, 04 de noviembre de 2017


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Isabel se encarga de una capilla domiciliaria de la Virgen de Torreciudad que rota en un grupo de familias de su ciudad, como es tradicional en muchas advocaciones marianas. Nos escribe para contar varios favores y milagros que Nuestra Señora ha obtenido de su Hijo en los últimos meses.
UTILIDADES

Nuestra Señora de Torreciudad me ha regalado en estos meses muchos favores que han cambiado mi vida y la de mi marido. Y también la de mi familia y amigos. Os cuento algunos.

1- LA PRIMERA VISITA A TORRECIUDAD

En septiembre de 2016 visitamos Torreciudad por vez primera, en agradecimiento por la mejoría en la enfermedad de mi marido y a pedirle a la Virgen por nuestros hijos, que andaban muy descreídos. Fue una gran experiencia espiritual. Cuando entramos a la capilla y vimos al Cristo, Él nos miró y nos caló el alma. Desaparecieron todas nuestras dudas y nos pusimos en sus manos. Y en las de la Virgen. Ella salvó al pequeño san Josemaría y ha salvado a nuestra familia y ha unido nuestro matrimonio como si de nuevo fuésemos unos jovencitos recién casados.
Amo especialmente a la Virgen, Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad, pues es una "Teotókos" (en griego, "que lleva a Dios"), una portadora y cuidadora de Jesús. Con toda humildad le sirve de trono, permaneciendo ella detrás, sencilla, con una leve sonrisa y una profunda mirada de amor a la humanidad y a cada uno de nosotros, de forma personal, como cada madre quiere a cada hijo de forma individual.
Si no habéis ido os animo a que vayáis y sintáis en el santuario la ternura, amor y comprensión que nuestra Madre nos regala sin pedir nada a cambio. Y eso siempre en segundo plano, mostrándonos a Jesús, verdadero Dios y perfecto hombre, siendo ella la Reina del Cielo. Ella vela desde su santuario en el Pirineo por todos los matrimonios y por todos los niños, por todas las familias. No nos olvidemos de rezarle y darle gracias todos los días.

2- LA SEGUNDA VISITA

Después nos propusieron ser Delegados de Torreciudad, y aceptamos encantados. Volvimos en los primeros días de marzo para participar en la Reunión Anual de Delegados, y estuvimos pidiendo mucho por un bebé de nuestra familia que tenía grandes dificultades para nacer. El bebé estaba sufriendo y la mamá tenía fiebre alta. La abuela estaba muy preocupada, no sólo por las dificultades del parto, sino porque su nuera es musulmana y habían pensado darle al bebé el nombre de Omar, que no le parecía a ella muy cristiano. Inmediatamente até una cinta en Torreciudad junto a la imagen de la Virgen con el nombre OMAR para ofrecérselo a Nuestra Señora. Después de haber hecho un rato de oración en el templo, nos llegó de inmediato la noticia de que el niño había nacido y ambos, madre e hijo, estaban fuera de peligro. Un milagro maravilloso porque el peligro era muy grave, y madre e hijo estaban estupendamente, en perfecto estado de salud. Luego investigué y hallé a san Omar, obispo francés del siglo VII, cuya festividad se celebra el 1 de noviembre. Y todos felices, nombre cristiano y musulmán.

3- LA CAPILLA DOMICILIARIA

Tuvimos la inmensa suerte de que nos facilitaran una capilla domiciliaria, y con todo cuidado y amor nos la trajimos a mi casa. Los primeros días la tuvimos solo nosotros hasta poder organizarnos con esta tarea, pues todo esto era nuevo para nosotros. Rezábamos con ella y la teníamos en lugar privilegiado en el salón. En esos días nos tuvimos que traer a mi suegra a casa, pues estaba enferma y no había quien la pudiera cuidar. Yo incluso tuve que pedir unos días de baja laboral, pues estaba fatal con dolores de espalda. Yo llevaba un año cuidando a mi marido y ahora, con mi suegra y el trabajo y la casa, llegó un momento en el que no pude más. Mi querida suegra padecía de enfermedad de Parkinson, y estaba además muy depresiva por temas familiares. Cuando nos vio rezando el Ángelus o el rosario, se unía a nuestras oraciones con mucha ilusión, y por la noche, al acostarla también le rezábamos a la Virgen las tres Avemarías y al Ángel de la Guarda. Un sábado fuimos a arreglarnos a la peluquería. Ella estaba muy contenta pues el domingo iríamos a misa. La pobre no se acordaba ya de cuánto tiempo hacía que no iba a misa. Yo calculo que unos veinte años. El domingo en misa, sentadita en su silla de ruedas a mi lado después de la comunión, se puso a llorar desconsoladamente.
- ¿Por qué lloras?
- Es que no puedo comulgar, porque no me he confesado.
- No te preocupes, que ahora hablamos con el sacerdote.
Al terminar la misa, el sacerdote, muy amablemente, la llevó a la sacristía, le administró el sacramento del perdón y ella salió con una sonrisa que le iluminaba la cara. El propio sacerdote la acercó al sagrario y le dio la comunión. Ella estaba tan contenta como una niña de Primera Comunión. Esto fue un verdadero milagro de la Virgen, pues a partir de entonces estaba deseando que la lleváramos a misa y vivió una intensa Semana Santa con nosotros. Desgraciadamente empeoró de su enfermedad, y finalmente falleció este verano. Pero nos queda la alegría de saber que se fue en paz y sin asuntos pendientes, habiendo recibido regularmente los sacramentos, con gran fe, esperanza y amor. Después de tantos años alejada de la Iglesia, la Virgen la acogió con su manto amoroso y se fue suavemente a los campos del Señor.

4- UNA FAMILIA SALVADA

Tenemos unos amigos que, aun siendo católicos practicantes, estaban a punto de separarse. Tienen sus diferencias en la manera de vivir la fe, pero ambos son muy devotos de la Virgen. Se casaron ya un poco mayores y tienen un niño de tres años. A ellos les gustaría tener más niños, pero como ya tienen una cierta edad se lo estaban pensando responsablemente, pues tenían dificultades para concebir. Él me pidió la capilla una semana, pero se la tuve que dejar un mes. Y resultó que el matrimonio fue mejorando cada día. Por las tardes, la familia se reunía a rezar el rosario a la Virgen y a pedir por su matrimonio. Hasta el nene aprendió a rezar el rosario y se convirtió en un hábito diario. La Virgen derramó su gracia en ese hogar. El matrimonio se unió de nuevo y desaparecieron los nubarrones del divorcio. Y el segundo favor: ella está embarazada y trae una niña que nacerá en primavera.
Tenemos promesa de ir con ellos a Torreciudad para dar gracias a la Virgen por tantas bendiciones. Posiblemente iremos para ofrecérsela a Nuestra Señora este verano.

5- FIN DE CARRERA

También la capilla recibió muchas oraciones por nuestra hija. Tenía una asignatura atravesada y si no la aprobaba le tocaba esperar un año más para poder graduarse. Se había presentado ya en cuatro convocatorias y, a pesar de sus esfuerzos y estudios, no le salía bien el examen. La pobre estaba muy angustiada, pensando en lo que supondría estar un año más fuera de casa tan sólo por una asignatura. Todos rezamos mucho por ella y la Virgen nos sonrió. Nuestra hija ya es veterinaria y está trabajando en una buena clínica en nuestra ciudad, no se ha tenido que ir ni siquiera de la ciudad, cuando temía tener que desplazarse incluso al extranjero. ¡Gracias, gracias, gracias, Virgen Santísima!

6- EL AGNÓSTICO

Un hermano mío, que se declara agnóstico y lleva separado de la Iglesia prácticamente toda la vida, cuando vio la capilla en casa empezó a preguntar y tuvimos muchas conversaciones con él delante de la Virgen. Como vive solo, viene con frecuencia a casa y claro, empezó a darse cuenta de nuestras costumbres, el Ángelus, la bendición de la mesa, la misa... Cuál fue nuestra sorpresa cuando dijo de acompañarnos a misa, a la celebración de la misa de Nochebuena, a la catedral... Algo empezó a removerse en su interior.
Como la mayoría, por desconocimiento y mala prensa, tenía muchos prejuicios en contra del Opus Dei. Pero cuando ha conocido los centros, los clubes de los niños, los colegios, el campamento... dice que jamás ha conocido gente tan buena, formal y trabajadora, que cómo no la había conocido antes. Nosotros siempre le habíamos pedido especialmente a la Virgen por él, pues nos tenía muy preocupados: solo, sin trabajo estable, con economía precaria, con muy malas experiencias personales... Pues llegó otro milagro de la Virgen: está trabajando, ha tomado las riendas de su vida y, lo más sorprendente, está colaborando en una asociación juvenil y tiene una actividad a su cargo; él dice que le da la vida. Cuando llega lo primero que hace es saludar "al Jefe" (Jesús-Eucaristía en el sagrario del oratorio del club) y le pide ayuda para hacer bien su trabajo, ofreciéndolo al Señor. Y cuando se va se despide "del Jefe" y le da las gracias. También dice que tiene su Ángel de la guarda y que nunca se siente solo, le ha puesto nombre y le invoca.
No deja de sorprenderme, pues ha desarrollado una capacidad de perdón sincero y de amor al prójimo que le desconocía. Ayer mismo me comentó que estaba pensando en confesarse, pero que le era muy difícil, pues después de toda una vida alejado de Dios y de la Iglesia, que cómo lo iba a hacer... Me dio una alegría grandísima, le animé mucho y le dije que hablara con el sacerdote, que él le ayudaría a hacer una confesión general y que recibiría una gran paz. ¡¡¡Gracias, Virgen Santísima!!!!

7- NUNCA ESTOY SOLO

Este verano mi marido estuvo gravísimo, hospitalizado. Cuando por fin lo pasaron a planta y ya se encontraba mejor, el médico recomendó que debía tener ratos de estar solo, que era bueno para su recuperación. Así que le llevamos la capilla domiciliaria, aunque sólo pudo estar dos días en el hospital pues había una persona que la necesitaba. Le encantó porque le ayudaba en la oración, le facilitaba tener ese ratito de intimidad con el Señor. Cuando en la habitación entraba la empleada a limpiar le decía: "Huy, disculpe, que está usted acompañado...". Mi marido se sorprendía, pues no había nadie más en la habitación, y eso sucedió en varias ocasiones. Y cuando me lo contó, visiblemente afectado, me dijo: "Es verdad, no estaba solo, notaba una presencia conmigo, nunca me siento solo".

8- ¡NO TE LLEVES LA ALEGRÍA DE MI CASA!

Una vecina me pidió la capilla pero sólo se la podía dejar dos días, pues tenía compromiso con una familia que llevaba esperando bastante tiempo. Cuando la recibió la colocó en la entrada, para que todo el que entrara o saliera saludara y le rezara "a la Virgencita". Estaba loca de contenta. A los dos días, cuando tuve que ir a recogerla, con lágrimas en los ojos me decía: "¡No te la lleves, que con ella entró la alegría en mi casa!". Le prometí que, en cuanto pudiera, se la llevaría otra vez. Y le regalé una estampa para que le rezara. Sus ojos empezaron de nuevo a sonreír y me dio un abrazo. La Virgen por donde pasa va repartiendo rosas, milagros de amor.

Un día alguien me dijo que cómo era posible tanto milagro. Y sin pensarlo le respondí que el verdadero milagro es poder apreciarlo, darte cuenta de que lo es, pues la mayoría de las veces decimos que son casualidades, cuando deberíamos darnos cuenta de que son obra de la Providencia, favores que nos regala la Virgen: no nos damos cuenta del poder de la fe y de la oración. Cada día que amanece es un milagro, y lo es cada niño que nace, cada persona que sonríe. Incluso la muerte, ya que estamos en estas fechas, también es un milagro, pues nos permite el encuentro total con el Señor.

Isabel.



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