Guía para la confesión

Guía para la confesión

El origen

Jesús nos dijo cómo quería Dios perdonar nuestros pecados de forma habitual. Después de resucitar instituyó el sacramento de la Confesión cuando dijo a los Apóstoles: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos (Evangelio de san Juan 20, 22-23). También se refería a sus sucesores, obispos y sacerdotes. Para que el Señor nos perdone nos hemos de confesar. La Confesión no es algo humano, ni es sólo decir los pecados a otro pecador como nosotros. Es un misterio sobrenatural: es un encuentro con el mismo Cristo en la persona del sacerdote, que en esos momentos hace sus veces.

¿Por qué tengo que pedir perdón

Todos tenemos la satisfacción de haber hecho muchas cosas buenas en nuestra vida, pero también hemos realizado cosas malas. Tenemos inclinación al mal y por eso cometemos errores y pecados. No podemos negarlo. Los demás lo ven. Y sobre todo, lo ve Dios, que todo lo sabe y ve en lo más profundo de nuestro corazón. No hay nadie que, con amor a la verdad, pueda decir: “Yo no tengo nada de qué arrepentirme”. Si miramos con honradez en nuestro interior encontraremos muchas cosas de las que arrepentirnos y pedir perdón, a Dios y a los demás.

Cómo confesarse

a) Hacer un examen de conciencia: en Torreciudad tienes hojas con preguntas que te ayudarán a preparar la confesión.

b) Tener dolor de corazón por esos pecados.

c) Hacer un firme propósito de no volver a pecar.

d) En el confesonario tienes escritas las oraciones con las que puedes empezar y terminar la confesión. Lo importante es decir los pecados al confesor, el sacerdote que confiesa. Si tienes dudas, pregúntale, él te ayudará.

e) Cumplir la penitencia impuesta en la confesión.

La ayuda de la Virgen María

El Corazón de María es tan grande que caben todos los hombres, de cualquier lugar y raza, pobres y ricos, cultos e ignorantes, sanos y enfermos, justos y pecadores. Nos quiere ayudar en lo más importante: estar en gracia de Dios. Por eso nos anima a confesarnos para que, libres de pecado, volvamos a ser amigos del Señor.

«El perdón de nuestros pecados no es algo que podemos darnos nosotros mismos: yo no puedo decir: “Yo me perdono los pecados”; el perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es don del Espíritu Santo.

Papa Francisco

(Catequesis sobre la Confesión, 19 de febrero de 2014)

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