Orígenes históricos

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UNA HISTORIA DE NUEVE SIGLOS

En la documentación medieval que se conserva se llama "Civitas" (topónimo del que derivó más tarde el de "Turris Civitatis", Torreciudad) al baluarte que los invasores musulmanes tenían para defenderse de los cristianos que desde el norte pugnaban por reconquistar las tierras que los árabes les habían arrebatado. En 1084 los cristianos, terminada la reconquista de la zona, entronizaron la imagen de la Virgen en la ermita que se conserva todavía. Según la tradición, refrendada por estudios históricos, la talla de la Virgen de Torreciudad fue venerada con anterioridad a 1084. A raíz de la dominación árabe fue escondida y posteriormente recuperada, cerca de la ermita, una vez reconquistada la zona por los cristianos.

En el siglo XVIII el historiador Faci escribió: "Tiene la Santa Imagen su nombre por el sitio en que está su iglesia situada: su antigüedad es desde los tiempos de la reconquista de aquel Partido, que fue por los años 1083 o siguientes, por Nuestro Rey Don Sancho Ramírez (...). Ha sido grande su veneración desde que fue colocada en su antigua iglesia, y muchos los Milagros y favores que los devotos han experimentado en su intercesión. Es la Santa Imagen de madera: está sentada en una silla y tiene al Niño Jesús delante del pecho".

Con la conquista en el 1100 de Barbastro y alejada, por tanto, la frontera con los musulmanes, perdió Torreciudad la utilidad militar que había tenido durante una generación como atalaya y punta de lanza de la Reconquista. Entonces, afirma el historiador Durán Gudiol, "Torreciudad fue perdiendo su población y la primacía sociopolítica en beneficio del vecino castillo y lugar de El Grado, pero subsistió la iglesia de Santa María como santuario preferido por los vecinos de la comarca, carácter que ha conservado desde los primeros tiempos de la Baja Edad Media hasta la actualidad".

A lo largo de nueve siglos, desde los días mismos de la Reconquista, se ha rendido culto de modo ininterrumpido a Nuestra Señora de Torreciudad en su ermita colgada a pico sobre los imponentes acantilados que dominan el cauce del río Cinca en el último tramo angosto que este río ha excavado para ganar las tierras llanas del Somontano de Barbastro, a unos 22 kilómetros al noroeste de esta localidad. Durante tanto tiempo, generación tras generación, los pueblos de la comarca han mantenido viva la costumbre de acudir en peregrinación a este lugar para rezar ante la Virgen, confiarle sus alegrías y penas, pedir por sus necesidades y agradecerle favores y gracias. La devoción estaba arraigada en numerosas localidades de una zona bastante amplia, cuidando especialmente de la Virgen los vecinos de Secastilla, Bolturina, Ubiergo, La Puebla de Castro y El Grado.





ALGUNOS TESTIMONIOS
Sobre la Virgen peregrina Sobre el pesaje de niños en la ermita Sobre la recuperación del medallón


LA CURACIÓN DE SAN JOSEMARÍA

La historia de Torreciudad llega viva hasta nuestros días, y recogió a comienzos del siglo XX un nuevo capítulo, inserto plenamente en una tradición de siglos de fe cristiana y piedad mariana. Este episodio se halla íntimamente ligado a la vida del Fundador del Opus Dei, y en él se inscribe la construcción del nuevo santuario donde hoy se rinde culto a la Madre de Dios, bajo la advocación de Nuestra Señora de Torreciudad, Reina de los Ángeles.

Este capítulo es también parte entrañable de la historia del Opus Dei, y se abrió en 1904, en Barbastro (Huesca, España). San Josemaría Escrivá de Balaguer, cuando apenas tenía dos años de edad, contrajo una grave enfermedad y fue desahuciado por los médicos. Éstos, perdida ya toda esperanza, anunciaron a los padres que al niño le quedaban pocas horas de vida. En esos momentos de ansiedad, cuando los medios humanos ya nada podían, la madre, doña Dolores Albás, pidió confiadamente a Nuestra Señora de Torreciudad —por la que sentía gran devoción— el favor de la curación de su hijo, prometiéndole que, si se salvaba, lo llevaría a la ermita para ofrecerlo a la Virgen, en peregrinación de acción de gracias.

Nuestra Señora acogió su oración. La noche en que el médico había abandonado la casa la enfermedad hace crisis y comienza a remitir. Cuando a la mañana siguiente vuelve el doctor Camps y, en tono ya de condolencia, pregunta: —“Pepe, ¿a qué hora ha muerto el niño?”, los padres contestan con alegría: “No solo no ha muerto, sino que está perfectamente”. El alborozo fue grande en la casa, y el agradecimiento a la Virgen también. Los padres cumplieron puntualmente su promesa. No era fácil, por los caminos de entonces, llegar desde Barbastro a Torreciudad; y el viaje se hacía más incómodo, y hasta peligroso, en la última parte del recorrido, cuando había que seguir los vericuetos de un escarpado sendero que remontaba a media altura las empinadas laderas de la hoz del Cinca. La memoria de aquella romería permaneció viva en el hogar de los Escrivá, y allí, Josemaría oiría más tarde el relato de la aventura. Se le quedó muy grabada, y habría de recordarla a menudo: “Me trajeron mis padres —contaba—. Mi madre me llevó en sus brazos a la Virgen. Iba sentada en la caballería, no a la inglesa, sino en silla, como entonces se hacía, y pasó miedo porque era un camino muy malo”.


Fuentes:

GARRIDO, Manuel (1995): "Barbastro y el Beato Josemaría Escrivá", Excmo. Ayuntamiento de Barbastro.
ORLANDIS, José (2003): "El Fundador del Opus Dei y Nuestra Señora de Torreciudad", en "Torreciudad", Rialp.
Torreciudad Santuario de Torreciudad
22391 Torreciudad (Huesca)
Tel: 974 30 40 25
info@torreciudad.org
Colaboran
Turismo de Aragón Fundación Cardenas Rosales
¿Qué es Torreciudad?
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