Bronces sonoros

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Bronces sonoros

El uso de las campanas a lo largo de la historia ha sido muy amplio. Fueron instrumento cotidiano en escuelas y fábricas para señalar el fin del recreo o de la jornada, en las estaciones ferroviarias para anunciar la salida del tren, en las salas de juzgados para imponer orden, o por la calles tañidas por los desaparecidos serenos. No obstante, la función por excelencia de las campanas ha sido religiosa, ya que interviene en la mayor parte de las ceremonias litúrgicas.

Las trece campanas fundidas en los talleres de Monistrol saludan a los peregrinos que se aproximan al santuario. Además de tocar los cuartos y las horas, voltean animadamente a la hora del Ángelus, como antaño, y a las seis y media de la tarde, en acción de gracias. Este repique festivo también se puede escuchar cuando una imagen de la Virgen entra en la explanada: la de Torreciudad recibe de una manera especial a sus "vecinas", y hay que estar atento para distinguir la alegría con que saluda a Nuestra Señora del Pueyo de Barbastro, la Virgen de la Peña de Graus...

Cada una de estas campanas tiene grabada en su superficie el nombre de una advocación mariana. Las más grandes son Pilar y Dolores. Las que se encargan del bandeo son Montserrat, Sonsoles, Guadalupe y Fátima. Sus hermanas pequeñas harán el resto: Ángeles, Carmen, Mercedes, Loreto, Lourdes, Amparo y María. Una familia numerosa que permite tocar melodías sencillas, pues están afinadas como los 13 sonidos de la escala. En la fotografía se recoge un momento de la bendición, el 5 de diciembre de 1973, en plena construcción del santuario.

Heliodoro Dols, el arquitecto, recuerda cómo se seleccionó la melodía que ahora escuchamos tocando las horas. Unicamente conocía la popular tonadilla del carillón de Westminster, escuchada desde edad temprana en el reloj de casa de sus abuelos. Al tararear ésta en presencia del campanero de Monistrol éste le hizo saber su procedencia, por lo que decidió que sonaría una nueva, específica de Torreciudad. Carlos Pérez, entonces director del Instituto Tajamar, fue el artífice de la nueva melodía. Las 13 campanas pueden accionarse mediante un mecanismo eléctrico situado en la consola del órgano de coro, junto al presbiterio.

Si mencionamos el órgano no podemos olvidar las 25 campanas tubulares del órgano mayor, cuyos sonidos caen en cascada en el interior de la nave. Es uno de los 61 juegos o registros que componen este instrumento, con un total de 4.072 tubos.

Capítulo aparte merece una campana histórica, situada junto al altar de la explanada. Una lápida recuerda su hazaña: ser protagonista en la fundación del Opus Dei. El texto dice así:

“Durante la mañana del día 2 de octubre de 1928, mientras volteaban ésta y las demás campanas del templo madrileño de Nuestra Señora de los Ángeles y subían al cielo sus tañidos de alabanza, Mons. Escrivá de Balaguer recibió en su corazón y en su mente la semilla divina del Opus Dei. En el mes de octubre de 1972, esta campana fue ofrecida a nuestro Padre, y dispuso que se colocara en este lugar, para que su repique de júbilo acompañe al Señor siempre que en este altar se celebre el Santo Sacrificio de la Misa. Gloria a Dios y a su Madre la Virgen”.

Para terminar hay que mencionar la vieja ermita, en cuya espadaña se encuentran dos campanas, testigos de la devoción popular a la Virgen. Con su repique vibrante han alegrado las fiestas y romerías de todos los devotos. Todavía hoy se pueden accionar manualmente desde una de las estancias de la casa de los santeros, convertida ahora en alojamiento de peregrinos.


Martín Ibarra Benlloch

Maite Aranzabal Abad


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