El sacramento de la Confesión

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EL PAPA FRANCISCO HABLA DE LA CONFESIÓN


El Papa explica la confesión 1




El Papa explica la confesión 2




El Papa habla de que él se confiesa





1. ¿Por qué tengo que pedir perdón?

Todos tenemos la satisfacción de haber hecho muchas cosas buenas en nuestra vida, pero también hemos realizado cosas malas. Tenemos inclinación al mal y por eso cometemos errores y pecados. No podemos negarlo. Los demás lo ven. Y sobre todo, lo ve Dios, que todo lo sabe y ve en lo más profundo de nuestro corazón. No hay nadie que, con amor a la verdad, pueda decir: “Yo no tengo nada de qué arrepentirme”. Si miramos con honradez en nuestro interior encontraremos muchas cosas de las que arrepentirnos y pedir perdón, a Dios y a los demás. El que se cree perfecto le pasa lo que al fariseo de la parábola que cuenta Jesús en el evangelio:

“Dos hombres fueron al Templo para orar, uno fariseo y otro publicano. El fariseo oraba de pie diciendo: ‘Oh, Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que poseo’. En cambio el publicano no se atrevía a levantar sus ojos al cielo y decía dándose golpes en el pecho: ‘Oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador’. Os digo que éste bajó justificado a su casa y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado” (Evangelio de san Lucas 18, 10-15).

El ser humano ha de reconocer sus miserias para poder recobrar su grandeza espiritual y la dignidad que le es propia. Por eso, en el fondo todos queremos liberarnos de los pecados que nos impiden descubrir el verdadero sentido de la vida y vivir en buena relación con Dios y con los demás. Pero, ¿cómo hacerlo?


2. ¿Por qué no puedo confesarme directamente con Dios?

Es bueno pedir perdón a Dios, porque Él puede perdonar como desee. Pero Jesús nos dijo cómo quería hacerlo de forma habitual. Después de resucitar instituyó el sacramento de la Confesión cuando dijo a los Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Evangelio de san Juan 20, 22- 23):

Vídeo: "¿Confesar mis pecados a un hombre?"



Para que el Señor nos perdone nos hemos de confesar. La Confesión no es algo humano, ni es sólo decir los pecados a otro pecador como nosotros. Es un misterio sobrenatural: es un encuentro con el mismo Cristo en la persona del sacerdote, que en esos momentos hace sus veces.


3. Qué es la Confesión

También se llama “sacramento de la Reconciliación” o “sacramento de la Penitencia”, o “sacramento de la alegría”, porque Dios está siempre dispuesto a perdonarnos. Uno de los más grandes motivos de optimismo y de alegría es que todo tiene arreglo, porque Dios tiene la última palabra, y esa palabra es de Amor misericordioso. Hasta que no tengamos experiencia de ese amor y del perdón de Dios no alcanzaremos la paz interior que buscamos.

Vídeo: Testimonio de unas chicas holandesas



Puedes descargar clicando encima de la imagen el poster que la Delegación de Catequesis de la diócesis de Barbastro-Monzón ha editado para ayudar a los catequistas a explicar el sacramento a los niños.




¿Y si uno piensa que volverá a pecar? Dios solo te pide que tengas el firme propósito de no pecar. En la medida en que uno va viendo el abismo que existe entre él y Dios, crece su aversion, su rechazo del pecado. A Pedro le pasó. En la última cena le dijo a Jesús: “Jamás te dejaré…”. Pero pronto le negó y luego lloró amargamente. Pedro sentía un gran dolor al pecar, porque cada vez quería más a Jesús. El Señor le otorgó el Primado sobre toda la Iglesia.


4. Doctrina católica sobre el sacramento de la Confesión

Vídeo: Catequesis de D. Pedro Manglano



5. Cómo confesarse

Animación en vídeo con subtítulos en castellano



a) Hacer un examen de conciencia
b) Tener dolor por los pecados cometidos
c) Hacer un firme propósito de no volver a pecar
d) Decir los pecados al confesor, el sacerdote que confiesa
e) Cumplir la penitencia impuesta en la confesión

¿Qué pecados deben confesarse? Debes confesar todos los pecados graves que recuerdes y el número aproximado de veces que los cometiste. Y conviene confesar los pecados veniales porque ayuda a formar una recta conciencia.

Para preparar la confesión te puede ayudar contestarte a estas preguntas (*), y puedes pedir también ayuda al sacerdote:

- ¿He dudado o negado deliberadamente verdades de la fe Católica?
- ¿Amo a Dios sobre todas las cosas? ¿Pienso más en las cosas creadas que en el Creador?
- ¿Digo palabras injuriosas contra Dios, con intención de ofenderle?
- ¿Me he confesado al menos una vez al año?
- ¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia?
- ¿He faltado a Misa los domingos o los demás días de fiesta?
- ¿He callado por vergüenza, en alguna Confesión anterior, algún pecado grave?
- ¿He comulgado alguna vez en pecado mortal?
- ¿He desobedecido a mis padres?
- ¿He tratado mal a mis hermanos, hijos u otras personas?
- ¿He faltado a la caridad despreciando a los demás con el pensamiento, las palabras o las acciones?
- ¿He hablado mal de otras personas?
- ¿Tengo enemistad, odio o rencor contra alguien?
- ¿Me he puesto voluntariamente en peligro de ofender a Dios gravemente?
- ¿He sido causa de que otros pecasen por mi conversación, mi modo de vestir, mi conducta desordenada o mi consejo?
- ¿Tengo amistades que son ocasión de pecado? ¿He decidido dejarlas?
- ¿He utilizado la sexualidad en contra de los planes de Dios, ya sea conmigo o con otras personas?
- ¿Consiento pensamientos y deseos obscenos?
- ¿Me dejo llevar por la pereza en el cumplimiento de mis deberes?
- ¿He tomado drogas? ¿Me he emborrachado comido con exceso?
- ¿He cogido dinero o cosas que no son mías?
- ¿He engañado a otros cobrando más de lo debido?
- ¿He dicho mentiras?
- ¿He soportado con paciencia los sufrimientos? ¿He ofrecido a Dios mis dolores, trabajos y gozos?
- ¿Hago el propósito de plantearme más en serio mi vida cristiana, la formación de mi conciencia y mis relaciones con Dios?

(*) Elaboradas por Ediciones Humanidades (Reus, Cataluña).

"Es que me da mucha vergüenza…". Es lógico, a todos nos cuesta. Si hay algo que te avergüenza, díselo a María y luego al confesor, y sentirás una gran paz. Acude a la Virgen: ¡Madre, sólo quiero tener vergüenza para pecar!


6. ¿Me ayudará la Virgen en todo esto?

Éste es su mayor deseo. María es fiel a su misión de ser Madre de Dios y de todos los hombres. Su corazón es tan grande que caben todos los hombres, de cualquier lugar y raza, pobres y ricos, cultos e ignorantes, sanos y enfermos, justos y pecadores. Es una Madre que incluso se adelanta a nuestras súplicas, ya que conoce nuestras necesidades. Nos quiere ayudar en lo más importante: estar en gracia de Dios. Por eso nos anima a confesarnos para que, libres de pecado, volvamos a ser amigos del Señor.

María nos acoge con cariño de Madre. Encontraremos en Ella verdadera protección contra las tentaciones, la soledad, el desánimo, la desesperanza… Muchas veces, el simple hecho de comenzar a rezarle es suficiente para que desaparezca la tentación y recuperemos la paz.

“Si se levantan los vientos de la tentación, mira la estrella, llama a María. Si se agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira la estrella, llama a María. Si la avaricia o la impureza sacuden con violencia tu alma, mira a María. Si tus faltas te turban y te causan tristeza, piensa en María. No desesperarás si piensas en Ella. Llegarás felizmente a puerto si María te ampara” (San Bernardo, Homilía sobre la Virgen Madre, 2).

“Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. –No desconfíes. –Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma” (San Josemaría Escrivá, Camino, 498).


7. El testimonio de un santo

Vídeo: San Josemaría habla de su primera confesión




“A todos aquellos que han estado alejados del sacramento de la Reconciliación y del Amor que perdona les hago esta exhortación: regresad a esta fuente de gracia, ¡no temáis! Cristo mismo os está esperando. ¡Os sanará y estaréis en paz con Dios!".
(Juan Pablo II, Homilía enWestover Hills, San Antonio, Texas, 13.IX.1987).
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